Cataluña: cárcel de pueblos, prisión de naciones

El totalitarismo separatista oculta con esmero bajo el paraguas del forofismo al Barcelona esta realidad: La multiplicidad de naciones, pueblos y etnias que históricamente han habitado el noroeste peninsular. ¡Libertad para todos estos pueblos oprimidos!

¡Berga ES UNA NACIO!
¡Besalú ES UNA NACIO!
¡Gerona ES UNA NACIO!
¡Manresa ES UNA NACIO!
¡Osona ES UNA NACIO!
¡Pallars ES UNA NACIO!
¡Urgel ES UNA NACIO!

 

cataluña carcel de pueblos rec2

 

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La mona catalana

Pregunta en rueda de prensa: “¿Vienen de monos diferentes los catalanes y los españoles?”

La prensa catalana al servicio del poder a cambio de millonarios subsidios unido a la debilidad mental del borrego separatista y sus delirios supremacistas han encontrado por fin el “fetdiferensial.” Ya no basta ser independentista y hablar catalán para demostrar pureza de raza, como exige la fanática Forcadell, ahora hay que ser descendiente directo de la mona catalana.

Derecho a decidir

El “dret a disidí” no existe. De existir ¿aceptarían los separatistas esta partición de su “nasió”? Las comarcas que votaron separatismo conforman una región rural y atrasada, provinciana y chovinista; con dificultades para hablar el español tras treinta años de inmersión y cuya mayor industria son las granjas de cerdos. La Cataluña que quiere seguir siendo española concentra el 75% de la riqueza.

industriacataluña

El precio de cada voto separatista: 14.285€:

El total del voto separatista en las pasadas elecciones municipales en Cataluña fue de 1.400.775 electores. sobre un censo de 5.455.182. Esto corresponde a un 25% del censo, un resultado aún inferior del fracasado butifarrendum, cuyos pobres resultados de participación permanecen ocultos en toda la subsidiada red de información separatista, y a todas luces ridículo. Pero el asunto es que parece ser que toda la red clientelar separatista se ha nutrido durante los últimos años con 20.000 millones de euros.  Si hacemos la cuenta nos sale que cada voto para la causa ha necesitado un inversión de 14.285€. La pregunta es si está “inversión” en cada voto puede ser homologable en una democracia occidental. La respuesta es no, y el estado debe crear los mecanismo para que cada entidad que abogue por su destrucción no reciba ni un euro de nuestro dinero.